El Dios de Spinoza: qué es, significado y explicación

El Dios de Spinoza

El Dios de Spinoza no es un ser sobrenatural separado del universo que observa a las personas, escucha plegarias, realiza milagros o decide qué acontecimientos deben suceder. Para Baruch Spinoza, Dios es la realidad infinita de la que todo forma parte, expresada en la célebre fórmula latina Deus sive Natura: Dios o la Naturaleza.

Esta idea cambia radicalmente la pregunta tradicional sobre Dios. Spinoza no se pregunta principalmente dónde está Dios o qué quiere de nosotros, sino qué tiene que existir necesariamente para que pueda existir todo lo demás. Su respuesta es una única realidad infinita, eterna y autosuficiente: Dios.

Por eso, cuando se habla del Dios de Spinoza, no se está describiendo simplemente «la naturaleza» en el sentido de árboles, animales y montañas. Se trata de una concepción filosófica mucho más amplia sobre la totalidad de lo real, sus leyes y nuestra posición dentro de ella.

Quién fue Spinoza

Baruch Spinoza nació en Ámsterdam en 1632, dentro de una familia judía de origen portugués.

Su pensamiento religioso y filosófico resultó profundamente controvertido. En 1656 fue expulsado de la comunidad judía portuguesa de Ámsterdam mediante un herem, una forma de excomunión.

Spinoza desarrolló posteriormente un sistema filosófico que cuestionaba algunas de las ideas más arraigadas sobre:

  • Dios;
  • la naturaleza;
  • la libertad;
  • el alma;
  • el bien y el mal;
  • los milagros;
  • la religión;
  • las emociones humanas.

Su obra filosófica fundamental es la Ética, publicada en 1677 después de su muerte.

Precisamente allí desarrolla de manera sistemática su concepción de Dios.

Qué es el Dios de Spinoza

La idea puede resumirse de esta manera:

Dios es la única realidad absolutamente infinita, eterna y necesaria, y todo cuanto existe existe en Dios.

Para entender la diferencia, imaginemos la concepción tradicional de un creador.

En ella tendríamos:

Dios → crea → universo

Dios existe independientemente y produce un mundo distinto de él.

En Spinoza, la estructura cambia:

Dios o Naturaleza → realidad infinita de la que todas las cosas son expresiones

No existen dos realidades completamente independientes, una divina y otra material.

Existe una única realidad fundamental.

Los seres humanos, planetas, animales, pensamientos y cualquier otra cosa existente forman parte de ese orden de la naturaleza.

Qué significa “Dios o Naturaleza”

La expresión Deus sive Natura suele traducirse como:

“Dios o la Naturaleza”.

Ese «o» no presenta dos alternativas.

No significa:

«Puede ser Dios o puede ser la naturaleza».

Significa aproximadamente:

Dios, es decir, la Naturaleza.

Spinoza está identificando ambos conceptos dentro de su sistema filosófico.

Pero tampoco quiere decir simplemente que un árbol sea Dios, que una piedra sea Dios o que la suma de todos los objetos físicos constituya un dios gigantesco.

Para entenderlo correctamente hay que distinguir entre la realidad infinita y las cosas particulares que existen dentro de ella.

Dios es la única sustancia

Uno de los conceptos fundamentales de Spinoza es la sustancia.

En su filosofía, una sustancia es aquello que existe por sí mismo y puede concebirse por sí mismo.

Spinoza llega a una afirmación radical:

solo existe una sustancia: Dios.

Todo lo demás depende de ella.

Podemos representarlo así:

ConceptoSignificado en Spinoza
DiosRealidad absolutamente infinita
SustanciaAquello que existe por sí mismo
AtributosFormas en las que se expresa la esencia de Dios
ModosRealidades particulares que existen en Dios
NaturalezaLa totalidad de la realidad y de su orden necesario

Un ser humano, por ejemplo, no constituye una sustancia independiente en sentido spinozista.

Es una forma particular en la que se manifiesta la única realidad existente.

Los seres humanos somos modos

Spinoza denomina modos a las cosas particulares.

Una persona es un modo.

Un árbol es un modo.

Un planeta es un modo.

Un determinado pensamiento también existe como una modificación de la realidad.

Esto permite comprender una de las ideas más difíciles pero importantes de su filosofía:

nosotros no existimos fuera de Dios.

Tampoco somos pequeñas partes físicas separadas de él como si Dios fuese un objeto gigantesco.

Existimos en la realidad infinita que Spinoza denomina Dios o Naturaleza.

Los atributos de Dios

La sustancia infinita posee infinitos atributos.

Cada atributo expresa de determinada manera la esencia de esa realidad infinita.

Los seres humanos únicamente conocemos con claridad dos:

pensamiento y extensión.

La extensión está relacionada con la realidad corporal.

El pensamiento está relacionado con las ideas y la mente.

Esto permite a Spinoza evitar una separación absoluta entre dos mundos independientes.

Mente y cuerpo no son dos sustancias completamente distintas. Son formas de comprender una misma realidad bajo atributos diferentes.

El Dios de Spinoza es un Dios personal

No.

Esta es probablemente la diferencia más importante respecto a muchas concepciones religiosas tradicionales.

El Dios de Spinoza no es una persona sobrenatural.

No posee emociones humanas amplificadas.

No está sentado fuera del universo observando nuestros actos.

No toma decisiones sobre quién debe ganar una guerra, encontrar pareja, aprobar un examen o sufrir una enfermedad.

Tampoco cambia de opinión.

Para Spinoza, atribuir a Dios deseos, enfado, arrepentimiento o preferencias supone imaginarlo demasiado parecido a un ser humano.

Diferencias entre el Dios tradicional y el Dios de Spinoza

La comparación permite verlo rápidamente:

Dios personal tradicionalDios de Spinoza
Puede concebirse separado del mundoNo está separado de la naturaleza
Posee voluntadNo decide como una persona
Puede intervenir en acontecimientosTodo ocurre según el orden natural
Puede escuchar plegariasNo funciona como un interlocutor personal
Puede premiar o castigarNo distribuye recompensas sobrenaturales
Puede realizar milagrosLa naturaleza sigue necesariamente sus leyes
Crea un mundo distinto de élTodo existe en la única realidad divina
Tiene determinados propósitosLa naturaleza no actúa buscando fines humanos

Esta comparación simplifica necesariamente sistemas religiosos muy diferentes entre sí, pero ayuda a identificar la ruptura filosófica introducida por Spinoza.

Dios no creó el universo desde fuera

Para Spinoza no existe un momento en el que un Dios separado del mundo decida fabricar el universo.

Dios es causa de todo lo existente, pero no de la misma manera que un carpintero es causa de una mesa.

El carpintero existe separado de la mesa.

Dios no existe separado de aquello que se deriva de su naturaleza.

Por eso suele hablarse de causa inmanente.

La realidad produce necesariamente sus propias formas y transformaciones desde dentro de sí misma.

Qué significa que Dios es inmanente

La inmanencia es una de las claves para comprender a Spinoza.

Un Dios trascendente puede imaginarse como algo situado más allá del mundo.

Un Dios inmanente está presente en la propia estructura de lo real.

En Spinoza:

Dios no está fuera de la naturaleza gobernándola.

La naturaleza existe en Dios.

Sus leyes tampoco son órdenes que alguien haya impuesto desde fuera. Expresan la propia necesidad de la realidad.

Por eso comprender las leyes naturales significa, en cierto sentido, comprender mejor a Dios.

Natura naturans y natura naturata

Spinoza introduce una distinción especialmente útil.

Natura naturans

Puede traducirse aproximadamente como naturaleza naturante.

Se refiere a Dios considerado como realidad infinita, activa y causa de todo lo que existe.

Natura naturata

Puede traducirse como naturaleza naturada.

Designa todo aquello que se deriva necesariamente de esa realidad: los modos, procesos y seres particulares.

La distinción evita interpretar Dios = Naturaleza de una manera demasiado simple.

No se trata solo del conjunto de cosas que vemos.

Dios designa el fundamento infinito y necesario de toda realidad.

Existen los milagros para Spinoza

La filosofía de Spinoza deja muy poco espacio para el milagro entendido como una suspensión de las leyes naturales.

Si Dios y naturaleza no constituyen realidades separadas, no tiene sentido imaginar a Dios rompiendo desde fuera las leyes que expresan su propia naturaleza.

Cuando las personas consideran milagroso un acontecimiento, Spinoza tendería a pensar que desconocen sus causas.

La explicación sería:

no conocemos la causa

en lugar de:

la naturaleza ha dejado de funcionar normalmente.

Este planteamiento fue extraordinariamente polémico en el siglo XVII.

Dios tiene un plan para cada persona

No en el sentido habitual de la expresión.

Spinoza rechaza la idea de que toda la naturaleza esté organizada para cumplir finalidades humanas.

La lluvia no existe para regar nuestras cosechas.

Los animales no existen específicamente para alimentarnos.

El Sol no está allí con el propósito consciente de iluminarnos.

Las cosas suceden por causas.

Los seres humanos, en cambio, tenemos tendencia a interpretarlas en términos de objetivos porque conocemos nuestros propios deseos y proyectamos ese funcionamiento sobre la naturaleza.

Por qué Spinoza rechaza las causas finales

Imaginemos que alguien pregunta:

¿Por qué existe el Sol?

Una respuesta finalista sería:

«Para proporcionarnos luz».

Spinoza consideraría que estamos confundiendo un efecto beneficioso para nosotros con la causa de la existencia del Sol.

Que algo nos resulte útil no significa que exista para servirnos.

Esta crítica tiene consecuencias enormes.

La naturaleza deja de estar construida como un escenario cuyo protagonista es el ser humano.

Nosotros somos una parte de ella, sometida al mismo orden causal que cualquier otra realidad.

Somos libres según Spinoza

La respuesta exige matices.

Spinoza critica la idea habitual del libre albedrío absoluto.

Pensamos que somos completamente libres porque somos conscientes de nuestros deseos, pero normalmente ignoramos las causas que han producido esos deseos.

Podemos imaginar un ejemplo sencillo.

Una persona siente un fuerte impulso de enfadarse y afirma:

«Me enfado porque quiero».

Spinoza preguntaría:

¿Por qué quieres enfadarte?

¿Qué experiencias anteriores influyen?

¿Qué emoción has experimentado?

¿Qué interpretación has realizado?

¿Qué características de tu cuerpo intervienen?

¿Qué acontecimientos te han llevado hasta ese estado?

Cuando descubrimos las causas, aquella decisión aparentemente independiente empieza a formar parte de una cadena.

Entonces todo está determinado

La filosofía de Spinoza es determinista.

Todo cuanto sucede tiene causas y deriva necesariamente del orden de la naturaleza.

Esto incluye también a las personas.

Nuestros pensamientos y acciones no aparecen mágicamente fuera de las relaciones de causa y efecto.

Pero Spinoza no deduce de ello que debamos vivir pasivamente.

Su concepto de libertad es diferente.

Qué significa ser libre para Spinoza

Ser libre no consiste en actuar sin causa.

Consiste, en buena medida, en comprender las causas que nos determinan y actuar cada vez más desde la razón en lugar de quedar sometidos ciegamente a nuestras pasiones.

Imaginemos dos personas enfadadas.

La primera reacciona automáticamente, grita y después se arrepiente.

La segunda comprende qué está sintiendo, identifica la causa y consigue responder de una manera más adecuada.

Las dos forman parte de la naturaleza.

Pero la segunda posee una comprensión mayor de sí misma y de aquello que la afecta.

Para Spinoza, ese conocimiento aumenta nuestra capacidad de actuar.

Dios castiga el mal

No.

El Dios de Spinoza no funciona como un juez situado fuera del universo que registra comportamientos para posteriormente repartir premios y castigos.

Eso no significa que para Spinoza todo comportamiento dé igual.

Las acciones tienen consecuencias reales.

Algunas aumentan nuestra capacidad de vivir, comprender y relacionarnos.

Otras producen sufrimiento, conflicto o dependencia.

La ética no desaparece cuando desaparece el juez sobrenatural.

Simplemente cambia su fundamento.

Qué son el bien y el mal para Spinoza

Spinoza no entiende el bien y el mal como propiedades absolutas colocadas en las cosas por Dios.

Los relaciona con aquello que favorece o perjudica nuestra naturaleza y nuestra capacidad de actuar.

Algo puede ser bueno para nosotros si aumenta nuestra potencia, comprensión o capacidad de vivir racionalmente.

Puede ser malo si nos debilita o nos hace más dependientes de pasiones que no comprendemos.

La pregunta ética cambia así:

No solo:

«¿Qué está prohibido?»

sino también:

«¿Qué manera de vivir me hace más libre, racional y capaz?»

Qué papel tienen las emociones

Las emociones ocupan un lugar central en la filosofía de Spinoza.

No considera que debamos simplemente eliminarlas.

Quiere comprender cómo funcionan.

El miedo, los celos, la esperanza, la ira, la tristeza o el amor no aparecen de la nada.

Tienen causas.

Cuanto menos comprendemos esas causas, más fácilmente quedamos sometidos a nuestras emociones.

Cuanto mejor las entendemos, mayor capacidad tenemos para actuar conscientemente.

La misma lógica utilizada para estudiar la naturaleza debe aplicarse también al ser humano porque nosotros somos naturaleza.

Qué es el conatus

Spinoza utiliza el concepto de conatus para describir la tendencia de cada cosa a perseverar en su existencia.

En los seres humanos se manifiesta como impulso por conservarnos y desarrollar nuestra capacidad de existir y actuar.

No se trata simplemente de supervivencia biológica.

Nuestro bienestar depende también de:

  • comprender;
  • establecer relaciones útiles;
  • desarrollar capacidades;
  • gestionar los afectos;
  • aumentar nuestra autonomía.

El conatus se convierte así en una pieza esencial para conectar su metafísica con su ética.

Qué es el amor intelectual de Dios

Una de las expresiones más llamativas de Spinoza es el amor intelectual de Dios.

Puede resultar desconcertante porque acabamos de decir que su Dios no es una persona.

Precisamente por eso no debe entenderse como el amor emocional hacia un individuo sobrenatural.

El amor intelectual de Dios surge de comprender profundamente la realidad, su necesidad y nuestra pertenencia a ella.

Cuanto mejor entendemos cómo funcionan las cosas, menos las contemplamos únicamente desde nuestros deseos individuales.

La experiencia de conocimiento produce una forma de alegría ligada a comprender que somos parte de una realidad infinitamente mayor.

Se puede rezar al Dios de Spinoza

La oración entendida como petición plantea un problema dentro de esta filosofía.

Pedir:

«Haz que mañana ocurra esto»

presupone un Dios que escucha, evalúa la petición y puede alterar los acontecimientos.

Ese no es el Dios de Spinoza.

No modifica las leyes naturales para favorecer a determinadas personas.

Una actitud contemplativa, de conocimiento o admiración hacia la realidad encaja mucho mejor con su filosofía que una oración destinada a conseguir una intervención sobrenatural.

Spinoza era ateo

La respuesta depende de qué entendamos por «Dios».

Spinoza habla constantemente de Dios y convierte el concepto en el fundamento de todo su sistema.

Por eso decir simplemente «Spinoza era ateo» resulta demasiado pobre.

Sin embargo, su Dios se encuentra tan alejado del Dios personal de las religiones tradicionales que sus adversarios pudieron considerar su filosofía equivalente al ateísmo.

La diferencia puede expresarse así:

Si por Dios entendemos un ser personal, creador separado del mundo, providente y capaz de intervenir, Spinoza rechaza buena parte de esa concepción.

Si entendemos por Dios la realidad absolutamente infinita, eterna y necesaria en la que existe todo, Dios ocupa el centro de su pensamiento.

El Dios de Spinoza es panteísmo

Spinoza suele clasificarse como panteísta.

El panteísmo identifica de algún modo a Dios con la totalidad de la realidad o considera que todo existe en una unidad divina.

La etiqueta resulta útil, pero puede simplificar demasiado su pensamiento.

Decir:

«Spinoza creía que todo es Dios»

puede llevar a imaginar que cada objeto individual es una pequeña divinidad.

Su afirmación es más precisa:

existe una única sustancia infinita, Dios o Naturaleza, y todas las cosas particulares son modos de esa realidad.

Esa distinción cambia bastante el significado.

Dios de Spinoza, panteísmo y deísmo

También conviene distinguir tres ideas que suelen confundirse:

ConcepciónIdea básica
Teísmo tradicionalDios crea el universo y puede intervenir en él
DeísmoDios crea el universo, pero normalmente no interviene después
PanteísmoDios y la realidad natural forman una unidad
SpinozaExiste una única sustancia infinita: Dios o Naturaleza

Spinoza no es simplemente un deísta.

El dios deísta todavía puede concebirse como creador diferente de su creación.

Spinoza elimina precisamente esa separación.

Qué relación tiene Einstein con el Dios de Spinoza

El nombre de Albert Einstein aparece frecuentemente asociado a este tema porque el físico expresó públicamente su afinidad con la concepción de Spinoza.

Lo que atraía a Einstein era especialmente la idea de un universo caracterizado por orden, regularidad y leyes, frente a la imagen de un Dios personal pendiente de intervenir en los acontecimientos particulares de cada individuo.

Esto no significa que Einstein aceptara automáticamente cada aspecto del sistema filosófico de Spinoza.

Tampoco convierte la física moderna en una demostración de que Spinoza tenía razón acerca de Dios.

La relación es filosófica, no una prueba científica de su metafísica.

Creer en el Dios de Spinoza es creer en la ciencia

No exactamente.

La ciencia estudia fenómenos mediante observación, experimentación, modelos y evidencia.

La afirmación de Spinoza de que existe una única sustancia absolutamente infinita pertenece a la filosofía metafísica.

No es una teoría científica susceptible de comprobarse mediante un experimento de laboratorio.

Su visión resulta compatible con una concepción de la naturaleza gobernada por causas y regularidades, pero eso no significa que la ciencia haya demostrado la existencia del «Dios de Spinoza».

Confundir ambas cuestiones convierte una posición filosófica en una afirmación científica que Spinoza nunca pudo formular en esos términos.

Por qué el Dios de Spinoza sigue resultando atractivo

Su propuesta ocupa una posición muy particular.

Permite hablar de Dios sin recurrir necesariamente a un ser sobrenatural antropomórfico.

También permite contemplar la naturaleza como una totalidad de la que el ser humano forma parte en lugar de situarlo en el centro de la creación.

Para algunas personas ofrece una forma de espiritualidad compatible con:

  • causalidad;
  • leyes naturales;
  • racionalidad;
  • admiración por el universo;
  • ausencia de milagros;
  • rechazo de un Dios castigador.

Para otras, llamar «Dios» a la naturaleza resulta innecesario.

Ese desacuerdo acompaña al spinozismo desde hace siglos.

Un ejemplo sencillo para entender al Dios de Spinoza

Imaginemos una ola en el océano.

La ola tiene:

  • una forma;
  • una duración;
  • un tamaño;
  • un movimiento determinados.

Podemos identificarla como una ola concreta.

Pero nunca existe independientemente del océano.

No es una cosa completamente separada a la que después añadimos agua.

Es una determinada manera en que existe el océano durante un tiempo.

La comparación no reproduce perfectamente la filosofía de Spinoza, pero permite acercarse a su lógica.

Nosotros seríamos algo parecido a esas configuraciones particulares.

La sustancia infinita sería la realidad fundamental en la que existimos.

La diferencia esencial es que el Dios de Spinoza no puede reducirse únicamente a materia física.

Dios sabe que existimos

La pregunta parte nuevamente de una imagen personal de Dios.

En Spinoza no existe una mente divina semejante a una mente humana gigantesca que mantenga una lista individual de cada persona.

Dios posee el atributo del pensamiento, pero no debe imaginarse psicológicamente como un individuo que observa desde fuera.

Precisamente uno de los mayores desafíos al leer a Spinoza consiste en evitar convertir continuamente su palabra «Dios» en el personaje sobrenatural que conocemos de otras tradiciones.

Utiliza la misma palabra para construir un concepto radicalmente diferente.

Qué pasa después de la muerte según Spinoza

Spinoza tampoco desarrolla una concepción convencional de una persona que muere y continúa viviendo indefinidamente con sus mismos recuerdos y personalidad en otro lugar.

Su tratamiento de la eternidad de la mente es bastante más complejo.

La eternidad no debe confundirse simplemente con:

vivir para siempre después de morir.

Está relacionada con la capacidad del entendimiento para contemplar las cosas bajo una perspectiva eterna, comprendiendo verdades que no dependen de nuestra duración temporal individual.

Por eso resulta engañoso convertir su pensamiento en una descripción tradicional del cielo o de una vida futura personal.

Qué cambia si aceptamos la filosofía de Spinoza

Las consecuencias son profundas.

Si Dios y Naturaleza forman una única realidad:

  1. El ser humano deja de ocupar el centro absoluto del universo.
  2. Los fenómenos naturales no necesitan explicarse mediante intervenciones sobrenaturales.
  3. Comprender causas sustituye progresivamente a atribuir acontecimientos al destino.
  4. La libertad pasa a depender del conocimiento y no de escapar de la causalidad.
  5. Las emociones pueden estudiarse como fenómenos naturales.
  6. La ética no necesita necesariamente un sistema sobrenatural de premios y castigos.
  7. Conocer la naturaleza adquiere también una dimensión filosófica y existencial.

Este es el punto donde su metafísica deja de parecer una discusión abstracta.

La forma de entender a Dios termina modificando la forma de entendernos a nosotros mismos.

El Dios de Spinoza explicado en pocas palabras

Para recordar la idea central:

Dios no es un ser separado del universo.

Dios es la realidad infinita y necesaria en la que existe todo.

Dios y Naturaleza son dos nombres utilizados para referirse a esa realidad fundamental.

Las cosas particulares son modos de esa única sustancia.

Todo sucede de acuerdo con causas y con el orden necesario de la naturaleza.

Dios no realiza milagros, premia, castiga ni modifica acontecimientos atendiendo a peticiones humanas.

El ser humano forma parte de la naturaleza y está sometido a sus mismas relaciones causales.

La libertad aumenta cuando comprendemos las causas que nos afectan y actuamos guiados por la razón.

Conocer la realidad conduce al llamado amor intelectual de Dios.

Por qué la idea es más radical de lo que parece

Decir simplemente «el Dios de Spinoza es la naturaleza» permite memorizar una frase, pero no comprender su filosofía.

Spinoza está haciendo algo mucho más profundo.

Elimina la separación radical entre creador y creación, cuestiona el libre albedrío absoluto, rechaza que la naturaleza exista para cumplir nuestros propósitos y transforma el significado de libertad, moralidad y religión.

Su Dios no explica un trueno diciendo que alguien quiso producirlo.

Nos obliga a preguntar qué causas lo han producido.

No explica nuestra ira diciendo que somos malos.

Nos obliga a descubrir por qué sentimos esa ira y qué nos determina.

No promete que la realidad vaya a adaptarse a nuestros deseos.

Nos propone exactamente el camino contrario: comprender la realidad para aprender a vivir mejor dentro de ella.

Ahí está la fuerza del Dios de Spinoza. Dios deja de ser alguien situado fuera del universo y se convierte en el nombre de la realidad infinita de la que nosotros mismos formamos parte. La pregunta filosófica ya no consiste tanto en saber si Dios está observándonos, sino en cuánto somos capaces de comprender el orden natural al que pertenecemos y cuánto puede cambiar nuestra vida cuando dejamos de considerarnos una excepción dentro de él.

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